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MI POSTPARTO

A las que me preguntasteis por el post-parto os prometí que escribiría un post para poder contároslo más detalladamente, ahora que por fin dispongo de más tiempo y he retomado mi actividad en el blog, he pensado que era hora de hacerlo, sólo espero acordarme de todos los detalles pues han pasado ya varios meses desde que llegó la pequeña. Por cierto, si podéis, tomados un café, porque esto va para largo 🙂

Bueno, las que me conocéis un poco más sabréis que mi novio lleva años trabajando como expatriado, de forma que pasa gran parte el tiempo fuera y vuelve cada mes y medio o dos meses para quedarse unas tres semanas o cuatro, suele variar mucho en función de su carga de trabajo, el hecho es que como os comenté en el post del parto, para la llegada de la niña se cogió unas tres semanas de vacaciones para echarme una mano al principio y la verdad es que me vino genial, pero como tenía que regresar al trabajo, pasé mucho tiempo tras la llegada de la bebé sola con ella en el piso, lo cual me puso las cosas un poco más difíciles.

Al igual que hice con el parto, también leí mucho sobre el post-parto antes de que me tocara a mí y ya casi me sabía de memoria los nombres de cada una de las nuevas cosas que aparecerían tras el parto, el meconio, los entuertos, los loquios,…, etc. pasa que estar informada ni te quita el dolor, ni te lo evita. La primera señal que me advirtió que la batalla no había acabado todavía fue la sangre, ya que unos minutos tras dar a luz  me seguía saliendo abundante sangre (que luego se transformó en lo que los médicos llaman loquios, que sigue siendo sangre, solo que más parecida a la que tenemos durante el periodo) y lo primero que me hicieron si no recuerdo mal es ponerme ahí abajo mucho hielo envuelto en una bolsa. Luego me trasladaron de la sala de partos a una más tranquila (que de todas maneras seguía dándome cosa porque también tenía máquinas de esas raras que me dan mal rollo) una vez ahí, como tenía en todo momento a mi niña conmigo envuelta en una manta, primero llegaron dos señoras de bastante edad y una de ellas me metió lo que en Guinea llamamos “judo” jajjajajajaja, bueno sin exagerar lo que hizo fue poner su brazo sobre mi vientre apretando fuerte para hacer salir más sangre y así no tuviera después hemorragia, un poco irónico pero fue lo que me explicó. Tras esa operación « Jet Li » llegó otra mujer más joven que me preguntó si le iba a dar a la bebé leche materna y como dije que sí, me echó una manita ayudándome a colocarla, la niña se enganchó a la teta y ella se fue.

De esta habitación me enviaron de regreso al cuarto del dolor, porque es donde había estado horas dilatando, como era ya un poco tarde, mi novio se quedó tumbado en la silla que se encontraba junto a mi cama mientras que el bebé dormía dentro de una de las cunas que tienen en los hospitales, también junto a mi cama e intentamos descansar. A pesar de estar dolorida por los puntos, el esfuerzo realizado,  las contracciones que seguía teniendo (pero de un dolor moderado aunque empeoraban cada vez que tenía que comer la bebé) y de tener que levantarme un par de veces, ya sea porque tenía que alimentar a la niña o porque venían las enfermeras a presionarme otra vez el vientre, tomarme la temperatura y todo lo que podían hacerme pues mi cuerpo en este momento era de dominio público, la verdad es que la primera noche la pasamos genial. La cosa cambió la segunda noche cuando la niña empezó a llorar de HAMBRE, justo cuando estaba súper orgullosa de mí misma pensando que lo había estado haciendo muy bien (jejejejeje) se puso a llorar la niña y no había manera de consolarla, vino una enfermera, se la llevó y cuando la trajo de vuelta le estaba dando un biberón de leche artificial alegando que la niña estaba muerta de hambre y había que darle algo. Así que durante toda nuestra estancia en el hospital (que fue de tres días) le alternábamos esta leche artificial que nos habían dado en varios botellines y la leche materna( si es que en este momento lograba tomar algo de mi leche porque a juzgar por lo desesperada que lloraba cada vez que tenía hambre parecía que no era el caso). Para añadir más inri a la situación mis pechos empezaron a resecarse y comenzaron a aparecer las famosas grietas, además una vez en casa ya ni sabía en qué posición tenía que poner a la niña para hacer que se enganchara, el primer día en casa utilicé de todo cojines, banquetas para los pies, me miré vídeos en youtube, le grité todo lo que pude al padre, eché todos los humos que pude… y lloré, lloré por no ser capaz de alimentarle a mi niña, había visto a un montón de mujeres dar de comer a sus chiquillos, ¿cómo es posible que aquello fuese tan difícil ?
El hecho es que tras varios intentos fallidos durante dos días en casa, decidí olvidarme de las mil lecciones que me habían dado por todos lados :  que si ombligo con ombligo, que si cara a cara,…, etc. simplemente opté por adoptar una posición en la que nos sintiéramos cómodas las dos, para las grietas me compré unos protectores de estas con forma de pezón y gracias a dios funcionó. El único problema que persistía, bueno, los únicos, son las famosas contracciones que a veces eran realmente insoportables (aunque nada comparado con las del parto) y el dolor de la herida, dios, no había manera de sentarse en paz y como tampoco podía descansar porque había que hacer un montón de trámites administrativos y Sergio de español sabe lo justo, me vi a dos días de haber dado a luz recorriendo la ciudad a diestro y siniestro ocupándome del papeleo y aunque en alguna que otra ocasión cogíamos un taxi, al ser la ciudad donde antes vivía muy pequeña la mayor parte de las veces pues íbamos a los lugares andando. Aun así al cabo de dos semanas con los lavados de sal que le daba a los puntos varias veces al día y Sergio ocupándose de todas las tareas de la casa y pasándome a la niña solamente cuando le tocaba  leche materna empecé a sentirme mucho mejor.

Como os comentaba al principio, tal vez el período más difícil fue cuando volvió Sergio al trabajo y tuve que quedarme sola en casa con la niña arreglándomelas como pude, a pesar de pasar a veces noches enteras sin dormir y otras en las que solo dormía una o dos horas porque la niña no paraba de llorar por los famosos cólicos, intentaba levantarme muy temprano de la cama y estudiaba, y durante el día cuando estaba ella conmigo si tenía que estudiar lo hacía con ella en mi regazo.

He intentado dejar muchos detalles para no cansaros en exceso y aun así creo que me he pasado tres pueblos, son muchísimas cosas en poco tiempo y la verdad es que da  para un día entero de cháchara (lo que me gusta a mí darle al pico jajajajajaja). Creo que os contaré hasta aquí, si alguna tenéis alguna duda en concreto estaré encantada de respondérosla.
A modo de resumen solo puedo deciros que cada etapa tiene sus dificultades pero todas son igual de bonitas.

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