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MEMORIAS DE MI VIAJE A BATA.PARTE II

  Siento haber tardado un poco en publicar esta segunda parte, ya había decidido no hacerlo. Suelo evitar seguir con los temas que no generan mucho interés. Pero como a algunas os dije que lo haría, he querido cumplir

Siento haber tardado un poco en publicar esta segunda parte, ya había decidido no hacerlo. Suelo evitar seguir con los temas que no generan mucho interés. Pero como a algunas os dije que lo haría, he querido cumplir con mi palabra. Aquí tenéis la continuación…

​Una vez en Paris, cogimos el vuelo Paris-Malabo con escala de 1h en Douala. Lo primero que nos llamó la atención, es que una vez en Douala, el avión se quedó prácticamente vacío. A Malabo llegamos dos gatos.

En Malabo me sorprendió la extrema amabilidad con la que fuimos recibidos. Después de mis experiencias previas con Sergio en Guinea, para mí aquello era anormal. Me sorprendió no escuchar el ¡wa (tú) aquí!  O que nos hicieran la vida imposible por h o por B hasta hacernos ¨pagar¨ por algún documento que ya teníamos. En todo caso, la primera anécdota de nuestro viaje no tardó en llegar: Justo en el primer control de la policía en el aeropuerto, había una chica, cuyo origen desconozco, que al parecer carecía de una de las vacunas obligatorias. Tras una conversación entre dientes entre la mujer policía que rondaba a su alrededor, le pasó un billete de 5000 Fcfas (unos 5 euros) como quien no quiere la cosa a esta última.

Pasamos los controles sin ninguna dificultad. En la recogida de equipajes había varios jóvenes insistiendo con cargar nuestro equipaje. No aceptamos su servicio. Como respuesta nos soltaron unas cuantas cosas desagradables en fang.
Estaba previsto que mi hermano nos esperara en el aeropuerto. Nunca apareció. Más tarde supimos que se puso malito el día antes. Justo al salir del aeropuerto nos enfrentamos a la primera ¨falta de respeto¨  (es el delito más grave y frecuente en Guinea) Un taxista no se tomó muy bien que no quisiéramos subirnos a su taxi porque nos reclamaba el doble del precio normal; otro se enfadó porque no le quise dejar cambiar mis divisas. Luego se acercó a mí un muchacho que parecía conocerme de toda la vida, pero del que ya no me acordaba. Lo saludé cordialmente, preguntándome para mis adentros quién sería. Qué mal.

Después de unos minutos de tensión, cogimos el taxi de un joven que me dijo, era del mismo pueblo que yo e iba ¨echarnos una mano¨ (en Guinea es frecuente que la gente te pregunte de qué pueblo eres) Nos trasladó a un hotel situado en la parte guay de la ciudad: Malabo II. Eran más o menos las 9 de la noche. A las 5 de la mañana acordamos con él que viniera a recogernos para regresar al aeropuerto y coger el primer vuelo para Bata. Llegó unos 20 minutos tarde, pero llegó.

El vuelo Malabo- Bata dura unos 30-40 minutos aproximadamente, con la compañía Cronos (al parecer, la más fiable) Ya en el aeropuerto de Bata, tampoco apareció nadie a recibirnos. A mamá se le averió el coche mientras hacía la ruta pueblo-Bata (hace ya dos años que abandonó la ciudad para irse a vivir al pueblo) mi hermana se encontraba trabajando, los demás estaban como desaparecidos. Para llegar a casa cogimos otro taxi que nos quiso hacer pagar el doble (es típico) al final se conformó con la mitad de su precio inicial.
De camino a mi casa, lo observé todo con atención, intentando empaparme otra vez de este aroma, esta calidez, estas calles que por tanto tiempo había abandonado.

Hacía un calor-casi-insoportable. Por todos lados se veía un montón de buenas intenciones que no pudieron concretarse (paradas de autobús antes inexistentes, pero sin autobuses, edificios en construcción, escuelas públicas en vías de renovación, algunas calles ya con nombres,…, etc.) y la gente un poco más pobre que antes de que me fuera…

Sergio se acordaba de todo como si nunca hubiese abandonado aquel lugar.
En cuanto llegamos al barrio, mis vecinas no tardaron en reconocerme en el interior del taxi.
Una vez en casa, se fueron acercando las más cercanas a saludar, mientras esperábamos fuera para ver aparecer a alguien.
Estaba todo como abandonado,  y la puerta de la casa cerrada. Mientras saludábamos a todos, se abrió la puerta y del interior de la casa salió una mujer. Era mi nueva cuñada. Nos invitó a pasar, Sergio se quedó por los alrededores de la casa explorándolo todo, yo charlando con las vecinas en la terraza y a lado de mí, la niña en su cochecito durmiendo.
Después de 4 horas llegó mi mamá. Fui corriendo hacia su coche en cuanto la vi llegar y entre gritos de alegría tradicionales nos abrazamos…

 

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